Materiales biodegradables

Te explicamos qué son los materiales biodegradables, con ejemplos. Además, en qué se diferencian la degradación y la biodegradación.

Un contenedor de desechos biodegradables permite la formación de compost.
Los desechos biodegradables no entorpecen el circuito de la naturaleza.

¿Qué son los materiales biodegradables?

Los materiales biodegradables son aquellos que la acción directa de los organismos descomponedores y detritófagos pueden reducir a sus componentes mínimos esenciales. En otras palabras, son aquellos materiales que pueden ser descompuestos o degradados por los seres vivos. Por el contrario, los materiales no biodegradables son aquellos que los seres vivos no pueden descomponer.

Se llama biodegradabilidad a la capacidad de un material o un producto de ser descompuesto por la acción de los organismos descomponedores, como las bacterias, los insectos, los hongos y otros seres que subsisten a base de reducir la materia orgánica en sus componentes fundamentales.

Estos organismos y microorganismos devoran y descomponen la materia orgánica de los cuerpos de los seres vivos, permitiendo así que sus nutrientes vuelvan al suelo y alimenten a las plantas. Así se perpetúa el circuito ecológico de transmisión de la materia y la energía.

Estos conceptos son fundamentales a la hora de pensar la contaminación por residuos, ya que los desechos biodegradables no entorpecen (o lo hacen en mucho menor medida) el circuito de la naturaleza. Los mismos pueden ser asimilados más o menos rápidamente por ella.

Por el contrario los desechos no biodegradables permanecen en el ecosistema durante largos períodos de tiempo, ya que los descomponedores no puede reducirlos y su degradación depende únicamente de la acción de los elementos y las fuerzas físicas, como el calor, la lluvia, la erosión o la oxidación.

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Degradación y biodegradación

Una mujer elige productos orgánicos que pueden biodegradarse.
La degradación es más rápida al ser biodegradación, por eso se prefieren productos biodegradables.

Toda la materia que existe está sujeta a la acción de la naturaleza, ya sea a la acción de otros seres vivos o de los elementos y las fuerzas naturales, y en todos los casos acaba por deteriorarse, perder su forma y descomponerse en sus elementos constitutivos. Esto es lo que ocurre, por ejemplo, con los desechos naturales, con buena parte de la basura que producimos y eventualmente con los propios cuerpos de los seres vivientes.

Sin embargo, no toda la materia se descompone del mismo modo. Cuando esto ocurre gracias a la acción de los microorganismos, insectos, hongos y otros seres detritófagos, se conoce como biodegradación; y cuando ocurre por acción de la luz solar, los cambios de temperatura, el viento y otras fuerzas naturales, se conoce como degradación. Visto así, podría afirmarse que la biodegradación es un tipo especializado de degradación.

Estos procesos suelen tomar cierto tiempo, dependiendo de las condiciones en las que se encuentre la materia. Así, es posible que el proceso sea más rápido si se encuentra sometida a más dinámicas simultáneas de degradación.

Algunos ejemplos del tiempo que toma degradar ciertos objetos son:

  • Una cáscara de banana o plátano: entre 2 y 10 días.
  • Un pañuelo de algodón: entre 1 y 5 meses.
  • Una hoja de papel: entre 2 y 5 meses.
  • Una naranja fresca: alrededor de 6 meses.
  • Una colilla de cigarrillo: entre 1 y 2 años.
  • Un chicle consumido: alrededor de 5 años.
  • Una estaca de madera: entre 2 y 3 años.
  • Un hueso animal: entre 10 y 15 años.

Tipos de biodegradación

Existen dos formas básicas de biodegradación: la aeróbica (en presencia de oxígeno) y la anaeróbica (en ausencia de oxígeno).

  • Biodegradación aeróbica. Ocurre gracias a la acción de diversos microorganismos de tipo bacteriano y fúngico, que aprovechan el agua, el dióxido de carbono y el oxígeno presentes en la atmósfera para producir reacciones químicas que reducen las largas cadenas proteínicas en compuestos más simples que generan energía, o sea, a través de procesos de digestión.
  • Biodegradación anaeróbica. Ocurre gracias a diversos microorganismos de tipo bacteriano, que degradan la materia y liberan diversas sustancias orgánicas, como el metano (CH4), dióxido de carbono (CO2) y el ácido sulfhídrico (H2S), a lo largo de cuatro etapas: la hidrólisis (ruptura de las moléculas mayores), acidogénesis (generación de ácidos grasos), acetogénesis (transformación de los ácidos en cetonas) y metanogénesis (liberación de los gases orgánicos).

Importancia de la biodegradación

La biodegradación es un proceso clave para el sostén de la vida y la conservación de la energía y la materia en el circuito ecológico. Esto quiere decir que gracias a ella pueden recuperarse y reintroducirse a la cadena alimenticia los materiales que componen el cuerpo de los seres vivos una vez que han fallecido.

De otro modo, se estaría continuamente perdiendo una cantidad importante de materia orgánica, o se dependería exclusivamente de la acción de los elementos y las fuerzas naturales para ello, lo cual puede en algunos casos tomar mucho tiempo. Esto es, justamente, lo que ocurre con los materiales no biodegradables, como el plástico: permanecen en el ecosistema durante mucho tiempo, causando un daño sostenido mientras se espera que la acción de los elementos lo vayan descomponiendo.

Así, puede pensarse la biodegradación como la capacidad de la naturaleza de absorber el material desechado y de que nada se pierda: toda la materia orgánica eventualmente es consumida por la propia vida, brindando sustento a cierto tipo de seres.

Ejemplos de materia biodegradable

Los huevos y el cartón son ejemplos de materiales biodegradables.
Los alimentos y los derivados de fibras naturales como el cartón son biodegradables.

Algunos ejemplos de materia biodegradable son:

  • Los desechos naturales de los seres vivos, como las hojas y ramas de los árboles, los pelos de los animales, las escamas de piel muerta o las excreciones de los animales.
  • Los alimentos descompuestos, como frutas, cereales, carnes, lácteos, entre otros.
  • Los textiles elaborados a partir de fibras naturales (no sintéticas, o sea, no plásticas).
  • Los derivados de las fibras naturales, como el papel, el cartón, las cuerdas y las maderas no tratadas químicamente.
  • Productos de origen lácteo, restos de infusiones o de café, cáscaras de huevo.
  • Los cuerpos de los animales y plantas muertos.

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Referencias

¿Cómo citar?

"Materiales biodegradables". Autor: Equipo editorial, Etecé. De: Argentina. Para: Concepto.de. Disponible en: https://concepto.de/materiales-biodegradables/. Última edición: 25 de noviembre de 2022. Consultado: 29 de febrero de 2024

Sobre el autor

Última edición: 25 noviembre, 2022

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