Concepto de habilidad

El término habilidad proviene del latín, y hace referencia a la aptitud para desarrollar alguna tarea con idoneidad o efectividad. Gracias a la destreza (innata o adquirida), una persona hábil es capaz de realizar correctamente alguna acción productiva en algún sentido.

El enfoque más desarrollado de este concepto se reconoce en el campo de la pedagogía o la psicología, en lo que respecta al proceso cognitivo de las personas. Allí se entiende a la habilidad como el sistema de operaciones dominado por un sujeto que responde y regula un objetivo, y que ha sido adquirido en forma de conocimientos y hábitos. De este modo es como se van desarrollando las aptitudes, de una forma más rápida o más lenta de acuerdo con la capacidad del sujeto en algunas cuestiones y los estímulos. Por un lado, se desarrolla la destreza manual y la habilidad corporal, que son la base de las habilidades físicas; por otro, la memoria, el razonamiento lógico, la capacidad de inferencia, la capacidad de observación, etc. Estos últimos atributos se conocen como habilidades intelectuales y actúan como “puentes” para permitir el desarrollo de más habilidades, por lo cual son muy estudiadas y especialmente evaluadas en entrevistas de trabajo, por ejemplo. Las aptitudes pueden ser de muchos tipos, como científicas, mecánicas, musicales, organizacionales, sociales o numéricas. Si con el tiempo no solo se las domina, sino que se las perfecciona, las aptitudes devienen en habilidades, e incluso pueden pasar a ser verdaderos talentos.

En el proceso de aprendizaje de los niños resulta fundamental la cuestión de la habilidad. La formación de cualquiera de esas habilidades depende de los conocimientos que ya han sido formados para esa adquisición. A esos conocimientos se los conoce como competencias (culturales, científicas, ciudadanas, musicales) y deben ser inculcadas en los primeros años de vida, para luego ser profundizadas. Pasado cierto tiempo, resulta mucho más difícil su adquisición. Una vez que las competencias han sido incorporadas, será mucho más sencillo el desarrollo de la habilidad, que se perfeccionará por la vía de la ejercitación.

Un claro ejemplo de este proceso lo podemos ver en lo que se refiere a las competencias sociales, que son aquellas que las personas desarrollan con el fin de integrarse a la sociedad en la que viven. Todos somos conscientes de que se necesita internalizar un conjunto de valores y normas para ser, relacionarse y expresarse correctamente. Se incluye allí la capacidad de conversar, de aceptar críticas, de expresar desacuerdo, entre muchas otras. Este tipo de habilidades se van generando desde la infancia mediante el adecuado estímulo de padres y maestros. La psicología y psiquiatría reconocen diversos trastornos vinculados con esta esfera, uno de ellos es el síndrome de Asperger, ubicado dentro del espectro de los autismos.

Ya en ámbitos específicos se señalan habilidades puntuales, generalmente relacionadas con el mundo del trabajo. Como ejemplo cabe citar la habilidad gerencial, que resulta de la capacidad para optimizar el uso de los recursos humanos y materiales a la hora de manejar una organización, sumado a la capacidad creativa que posibilita la innovación y el planteo de nuevas estrategias. Se escucha hablar hoy en día de habilidad digital para referirse a la capacidad de las personas para comprender con rapidez y manejar las nuevas tecnologías, cualidad de creciente importancia dado la gran cantidad de ámbitos que dependen de un adecuado manejo de la informática.

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