Idea

Te explicamos qué son las ideas, cómo se estudian, para qué sirven y qué es la teoría de las ideas. Además, ideas principales y secundarias.

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Las ideas son el acto más básico y fundamental del entendimiento.

¿Qué son las ideas?

En filosofía, las ideas son representaciones mentales que surgen a partir de la experiencia o del libre uso de la imaginación y que muchas veces dan lugar a los conceptos.

Algunos filósofos, como Platón, piensan a las ideas como arquetipos universales desde los que la realidad toma forma. Otros (como los empiristas de la modernidad) creen que son solo contenido y objeto del pensamiento humano. De hecho, la modernidad, al ser atravesada por la pregunta por las ideas, fue escenario de una gran disputa entre empiristas y racionalistas, cuya solución tentativa resultó en el trabajo de Immanuel Kant.

El estudio de las ideas ha ocupado a la humanidad desde tiempos antiguos, y se realiza generalmente en base a cuatro perspectivas distintas:

  • Perspectiva lógica. Las ideas se equiparan a una proposición con un significado preciso.
  • Perspectiva ontológica. Las ideas se equiparan a los referentes concretos del mundo real.
  • Perspectiva trascendental. Las ideas son posibilidades de construcción y comunicación del conocimiento.
  • Perspectiva psicológica. Las ideas son formaciones mentales subjetivas.

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Etimología de “idea”

La palabra idea viene del griego idea (ἰδέα) y significa “forma” o “patrón”. A su vez, idea tiene su raíz en idein (ἰδεῖν), que significa “ver”. En sentido estricto, en la filosofía griega hablar de una idea era hablar de la forma visible o el aspecto formal de las cosas.

Existe también un juego entre la palabra idea y eidos (εἶδος), que significa “forma”, “tipo” o “especie” según su uso. Platón, en su teoría de las formas, utilizó ambos términos para referirse a lo mismo.

Historia de las ideas

La historia de las ideas tiene su origen en los trabajos de Platón. La “teoría de las formas” platónica sostiene que las ideas son objetos inmateriales e inmutables de los que el mundo sensible copia y toma para hacer a imagen y semejanza la realidad. Esto puso énfasis en un sentido de “idea” como algo no visible para los ojos sino solo por una visión formal e intelectual.

Aristóteles, al continuar el trabajo de Platón, criticó esta separación entre un ámbito perfecto y otro imperfecto. En contra de la teoría de las formas, sostuvo que las ideas solo existen en base a los recuerdos y sus componentes mentales. Esto dio inicio a lo que varios siglos después se conoció como la disputa entre idealistas y empiristas.

La disputa entre empiristas e idealistas se dio entre los siglos XVI y XVII. Sus máximos representantes fueron Hume, por parte de los empiristas, y Descartes, por parte de los idealistas. Los empiristas sostenían que las ideas no existen como objetos suprasensibles independientes al mundo sino que solo se dan, en el mejor de los casos, como representaciones de las experiencias sensibles. Los idealistas, por su lado, creían que las ideas funcionan como objetos inmateriales que permiten y dan pie al conocimiento del mundo, y regulan la experiencia entre los sujetos y los objetos.

De esta disputa surgió el trabajo de Kant, para quien hubo que distinguir a las ideas de los conceptos. Si los conceptos surgen a partir de abstraer los componentes de la experiencia en representaciones categoriales, las ideas funcionan como un a priori (como condición misma) de esa experiencia posible.

El siglo XX, en su abandono de las posturas modernas (empiristas o idealistas), dio un giro en el estudio de las ideas al ver cómo estas comenzaron a ser trabajadas por la filosofía analítica. A partir del giro lingüístico, las ideas fueron objeto de investigación de distintos pensadores tales como Sanders Peirce, J. M. Baldwin o Walter Benjamin.

Teoría de las ideas

La “teoría de las formas” o “teoría de las ideas” de Platón propone la existencia separada de dos mundos:

  • El mundo sensible, de los objetos reales y concretos, tangibles y que se pueden percibir a través de los sentidos.
  • El mundo inteligible, de los objetos abstractos y mentales, donde están las ideas.

Para Platón, el mundo sensible es un mundo imperfecto y condenado al devenir y la degradación, mientras que el mundo inteligible es un mundo duradero, eterno y singular. Esto significa que las ideas son eternas, perfectas y singulares, y que existen de manera independiente al pensamiento.

Por su parte, el mundo sensible, el mundo concreto, es solo una copia degradada del mundo de las ideas. De hecho, Platón entendía la creación misma de un objeto (una silla, por ejemplo) como una copia imperfecta de su idea (la idea de silla).

Esta teoría de las ideas le permitió a Platón concebir su célebre alegoría de la caverna, según la que los seres humanos únicamente podemos percibir las copias o representaciones del mundo verdadero que existe fuera de nuestro alcance.

Clasificación cartesiana de las ideas

En la tercera meditación de Meditaciones Metafísicas, Descartes propone una clasificación de los distintos pensamientos posibles: ideas, voluntades, juicios y afecciones.

Las voluntades, los juicios y las afecciones se apoyan en las ideas. Las ideas, por su parte, no pueden ser verdaderas o falsas en sí ya que, en todo caso, solo pueden pensarse como falsas en el sentido de una privación (por ejemplo, el calor como ausencia de frío).

De esta clasificación, Descartes tomó las ideas para organizarlas, según su origen, en:

  • Ideas innatas. Son las ideas que parecen haber nacido con uno.
  • Ideas facticias. Son las ideas que produce la imaginación.
  • Ideas adventicias. Son las ideas que parecen venir del mundo exterior.

Esta clasificación le permitió a Descartes probar, a través de una serie de argumentos, que Dios existe (ya que la idea de Dios era una idea innata que, por su grado de realidad, no podía haber sido creada por él mismo). De estos argumentos, surge otro que caracteriza a las ideas: toda idea es una representación de algo que no es ella misma.

Ideas en su uso práctico

La posibilidad de formular, debatir y contrastar ideas forma parte de la naturaleza humana, y es donde reside gran parte de nuestro éxito biológico. Mientras las demás especies se adaptan lentamente al entorno a través de la evolución biológica, los seres humanos hemos sido capaces de extraer ideas del entorno y acumular un conjunto de formas y relaciones que hoy entendemos como saber o conocimiento.

El conocimiento, formado por las ideas, nos permitió modificar el entorno y hacerlo más favorable a nosotros.

Una buena idea puede revolucionar un campo del saber, brindar una respuesta a un dilema comunitario, establecer nuevos mecanismos para enfrentar los problemas de la vida o inspirar a otros a tener más y mejores ideas. Detrás de todo lo que hacemos los seres humanos hay, en alguna medida, una idea.

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Referencias

  • Descartes, R., López, E., & Graña, M. (1987). Meditaciones metafísicas y otros textos. Madrid: Gredos.
  • Ross, D. (1986). Teoría de las ideas de Plató Lingua, 2, 70.
  • Kant, I. (1977). Crítica de la razón pura. Porrúa.
  • Hume, D. (1923). Tratado de la naturaleza humana: ensayo para introducir el método del razonamiento experimental en los asuntos morales (Vol. 1). Calpe.
  • “Idea” en Wikipedia.
  • “Teoría de las formas” en Wikipedia.
  • “Idea” en el Diccionario de la lengua de la Real Academia Española.

¿Cómo citar?

"Idea". Autor: Juan Pablo Segundo Espínola. De: Argentina. Para: Concepto.de. Disponible en: https://concepto.de/idea/. Última edición: 29 de agosto de 2022. Consultado: 22 de septiembre de 2022

Sobre el autor

Última edición: 29 agosto, 2022
Licenciatura en Filosofía (Universidad de Buenos Aires)

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