Concepto de teoría

El concepto ‘teoría’ tiene su origen etimológico en el griego, proveniente del vocablo ‘observar’. El primer empleo del término aparece para explicar la visión de uno o varios hombres respecto de la explicación de algún fenómeno. A partir de la observación empírica, con o sin base científica que lo respalde, se llega a una conclusión que es llamada teoría, pero también podría ser considerada una conjetura, por no estar determinados (ni tampoco ser importantes a la hora de presentar la teoría) los parámetros empíricos metodológicos para medirla y probarla. Es usada, en general, para hablar de una idea que una persona ha tenido por simple sentido común o por inferencias a partir de una observación, y este tipo de definición puede ser extrapolado al hablar de ‘la teoría de…’ en referencia a los conocimientos que algún autor tiene sobre alguna materia, cuando casi siempre esas ideas científicas responden a la segunda definición de teoría.

Esta explica a grandes rasgos los sistemas lógicos que están compuestos (también) por algunas hipótesis, pero acompañadas de un campo de aplicación y de reglas que permiten analizar fehacientemente la validez de esas hipótesis. Caracterizarlo como un sistema lógico permite darle un carácter sistemático: es un conjunto de proposiciones que se organizan entre sí con el fin de explicar por qué o cómo suceden algunos fenómenos. Teorizar, explicar las razones que producen los fenómenos es el objetivo principal de la ciencia, por lo que la teoría resulta fundamental: además de dar orden al conocimiento de la realidad, es el único medio científico a partir del cual el hombre puede predecir como se darán acontecimientos que aún no sucedieron. Dentro de esta definición caben más los conocimientos de los autores sobre alguna materia: la ‘teoría de Einstein’ no es la suma de todo lo que Albert Einstein postuló en su vida, ya que no necesariamente todas ellas deben interrelacionarse. La teoría de la relatividad constituye una, mientras que la teoría del campo unificado es otra, y así con cada una.

El desarrollo de las teorías científicas se debe hacer a partir del método científico que consta de varios pasos: la observación de un acontecimiento, la inferencia de la particularidad del acontecimiento, la hipótesis de la existencia de una norma en ese acontecimiento, la experimentación que apunte a encontrar esa norma, la demostración e intento de refutar la hipótesis demostrada, y una vez asegurada su veracidad, la elaboración de la teoría a modo de conclusión. Todo este método está rodeado de un paradigma científico en el que se encuentra inmersa, no solo la teoría sino todos los científicos, y es también válido aquel que se proponga romper con los paradigmas y establecer la teoría de otro modo (sin embargo, la tendencia natural seguirá demandando que resista a demostraciones y a intentos de ser refutada).

Sin embargo, a partir (y a pesar) de la última acepción, se ha constituido una nueva idea de teoría en el lenguaje coloquial: aunque se sabe que las teorías científicas resisten a las pruebas y a los intentos de verificación de errores empíricos, el término conserva un matiz de ‘independencia de aplicación’ por lo que hay un uso coloquial de la palabra “teoría” como lo contrario a la “práctica”. La expresión ‘en teoría’ apunta a lo que debería ser según lo que se sabe, pero podrá no serlo en los hechos. De otro modo, el conocimiento teórico se distingue del práctico en cuanto el primero reside en saber cómo se hace algo, mientras que el segundo consiste en hacerlo efectivamente.


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