Arquetipo

Te explicamos qué es un arquetipo en diversas disciplinas. Además, te contamos cuáles son los 12 arquetipos de Carl Jung.

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Carl Jung propuso la existencia de doce arquetipos básicos, inspirados en el tarot.

¿Qué es un arquetipo?

Un arquetipo es un modelo, patrón o ejemplo a partir del cual es posible obtener objetos, ideas o conceptos diferentes, y que al mismo tiempo permite visualizar las cosas que estos últimos tienen en común. La palabra proviene de la unión de dos vocablos del griego antiguo: arché (“fuente” u “origen”) y typos (“modelos” o “formas”).

El concepto de arquetipo se ha empleado en distintas disciplinas a lo largo de la historia, más o menos como un sinónimo de prototipo o de paradigma, es decir, de aquello que inaugura una nueva serie de elementos similares o que sirve como prefiguración, como adelanto o como generalización de dicha serie.

Sin embargo, el término arquetipo es de particular relevancia en el campo de la filosofía, en el que ha sido empleado desde tiempos antiguos, por filósofos como el griego Platón (c.427-347 a. C.), por ejemplo, quien llamaba así a los conceptos perfectos y eternos que existían en la mente divina y que servían de patrón para la creación del mundo real.

Posteriormente, el concepto de arquetipo apareció en la psicología analítica (psicoanálisis) gracias a la obra del amigo y discípulo de Sigmund Freud, el suizo Carl Gustav Jung (1875-1961), como parte de su teoría formulada sobre la existencia de un “inconsciente colectivo”.

Según Jung, las experiencias de nuestros antepasados son transmitidas a las generaciones posteriores a través de arquetipos psíquicos, o sea, de figuras pseudo literarias que evocan siempre en las personas sentimientos y afinidades similares, y que el psicoanalista resumió en 12 casos fundamentales. En palabras del propio C. G. Jung:

“Las imágenes primordiales son los pensamientos más antiguos, generales y profundos de la humanidad. Tienen tanto de sentimientos como de pensamientos; es más, poseen algo así como una vida propia e independiente, como aquella especie de alma parcial, que podemos ver fácilmente en todos los sistemas filosóficos o gnósticos, que se basan en la percepción de lo inconsciente como manantial del conocimiento” (Lo inconsciente, 1976).

Estos arquetipos son figuras preconscientes, es decir, que se adquieren de manera inconsciente y son, según las teorías de Jung, útiles para el estudio de la cultura, ya que no solo permiten reconocer en las obras literarias y ficcionales los patrones culturales comunes (cosa que la crítica literaria ha hecho a menudo), sino también discernir entre los tipos y los aspectos de las personalidades humanas.

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Los 12 arquetipos de Jung

La teoría psicoanalítica de Carl Gustav Jung propuso la existencia de doce arquetipos básicos, inspirados en el imaginario del tarot de Marsella y otras fuentes literarias occidentales, y fuertemente relacionados con “eventos arquetípicos”, o sea, de profundo significado simbólico, como son el nacimiento, la muerte, la iniciación o el matrimonio.

Muchos de estos arquetipos han sido utilizados como modelo para componer relatos y personajes, o bien para el branding y la publicidad de las marcas comerciales.

Los 12 arquetipos de Jung son:

  • El inocente. Un arquetipo de optimismo y pureza, que encarna la mirada infantil, ingenua o soñadora del mundo, propensa a ayudar y confiar en los demás, incluso cuando ello va en detrimento de sus propios intereses. El inocente es el niño eterno y se inspira en cierta medida en la carta del tarot del loco. Son ejemplos de ello en la cultura popular: Pinocho, Peter Pan, Blancanieves o Samwell Tarly de Game of Thrones.
  • El mago. Un arquetipo que encarna la transformación, los saberes secretos y los atributos tradicionales del hechicero o el alquimista, es decir, el conocimiento secreto del mundo. Propenso al egoísmo y a la obsesión, la conducta del mago está siempre moldeada por sus grandes ambiciones y su deseo de controlar la realidad, de modo tal que puede llevar a cabo tratos y luego arrepentirse. Se inspira en la carta del tarot del mismo nombre y son ejemplos de ello en la cultura popular: el mago Merlín, Rasputin, Fausto o Saruman en El señor de los anillos.
  • El guerrero. Un arquetipo que representa el heroísmo, el compromiso, la tenacidad y la fe en el destino elegido, se inspira en la carta del tarot de la fuerza, donde se muestra a un hombre abriendo la boca de una fiera. Al destino del guerrero lo guían sus pasiones y cometidos, sus promesas a terceros o sus ideales de un mundo justo y mejor. Sin embargo, es propenso a extraviarse en el camino, por el que avanza de manera ciega, irreflexiva. Ejemplos de ello en la cultura popular son: Hércules, Superman, Aragorn de El señor de los anillos o Neo en The Matrix.
  • El cuidador. Un arquetipo en el que se juntan la ternura, la compasión, el sacrificio y la generosidad. El cuidador antepone las necesidades ajenas a las propias y encuentra su sentido vital en la protección de los necesitados, es decir, en dar. Sus aspectos más oscuros lo hacen propenso al victimismo y al martirologio. Se identifica con la suma sacerdotisa en el tarot y son ejemplos de ello en la cultura popular: el hada madrina, Mary Poppins o Samwise Gamgee en El señor de los anillos.
  • El amante. Un arquetipo inspirado en la pasión, el enamoramiento, la efervescencia de los placeres y los sentimientos, que se identifica en el tarot con la carta de los enamorados (o del diablo). El amante no aspira a otra cosa que a vivir su amor y hace de todo por alcanzar la intimidad: puede ser generoso, egoísta, bondadoso o cruel, dependiendo de su amor o de su despecho. Es un arquetipo juvenil, adolescente, propenso al narcisismo y a los celos. Son ejemplos de ello en la cultura popular: El príncipe azul, Tristán, Pepe Le Pew o Jaime Lannister en Game of Thrones.
  • El explorador. Un arquetipo que representa la curiosidad, la avidez por aventuras y conocimientos, eternamente sediento de novedades. Se trata de un individuo eternamente en movimiento, siempre insatisfecho y expectante, capaz de motorizar a los demás, pero incapaz de asentarse y estar quieto mucho rato. Está emparentado con la carta del tarot del carro y son ejemplos de la cultura popular: El caballero errante, Indiana Jones, Geralt de The Witcher o Han Solo de Star Wars.
  • El gobernante. Un arquetipo que reúne la sabiduría, el poder, el control y la visión de conjunto, que se lo identifica con el viejo rey, es decir, con las cartas del tarot del emperador o la emperatriz. Identificado con el padre o la madre, el gobernante es fanático del control y sienta las pautas a seguir para los demás, ya sea porque está convencido de tener una visión general del bien colectivo o porque se siente el único capaz de hacerlo de la manera correcta. Su determinación y su verticalidad pueden hacer de él un arquetipo despiadado, inflexible. Son ejemplos de ello en la cultura popular: El rey Arturo, el Profesor X o Vito Corleone de El Padrino.
  • El trickster o bufón. Un arquetipo que representa la jocosidad, la disposición a la liviandad, la burla y el cinismo. El trickster se vincula con los demás a través del humor, ya sea para alegrarles la existencia, o bien como una forma de subversión, de rebeldía, ya que él posee una visión o una verdad que los demás ignoran o desconocen. Su lado oscuro, sin embargo, lo hace propenso a no creer en nada y no suele hacerse partícipe de ninguna causa, o bien al egoísmo, las mentiras y los engaños. Se identifica con la carta del tarot del colgado y son ejemplos de ello en la cultura popular: el dios griego Hermes (Mercurio para los romanos), el dios nórdico Loki, el capitán Jack Sparrow o el Guasón de Batman.
  • El sabio. Un arquetipo vinculado con la sabiduría, el ascetismo, la renuncia a los placeres mundanos y la búsqueda de la iluminación, que se corresponde en el tarot con la carta del ermitaño. El sabio da la espalda al mundo conocido para apostar por la trascendencia, es decir, por la verdad que subyace bajo todas las cosas. Eso significa que es poseedor de una gran sabiduría (como su nombre lo indica), pero también que se vincula poco o nada con los asuntos cotidianos y con la gente. Son ejemplos de ello en la cultura popular: el sr. Miyagi de Karate Kid, Yoda en Star Wars o Gandalf en El señor de los anillos.
  • El tradicionalista. Un arquetipo que no debe entenderse como “normalidad” o “regularidad”, sino como apego al orden establecido y a las normas, es decir, a una postura de conservadurismo o tradicionalidad. El tradicionalista es un defensor del statu quo, que entiende el orden como la prioridad de la existencia y lucha por conservar las instituciones. Su resistencia al cambio, sin embargo, puede hacerlo oponerse incluso a causas nobles o que van en su beneficio. Identificado con el sumo sacerdote del tarot, son ejemplos de ello en la cultura popular: Sherlock Holmes, Spiderman o Deckard, el detective protagonista de Blade Runner.
  • El forajido. Un arquetipo de insumisión, anhelo de libertad y rechazo a lo establecido, que juega un rol completamente opuesto al tradicionalista: el de oponerse continuamente a lo establecido. El rebelde puede ser un forajido, un delincuente, un opositor político o simplemente un librepensador, pero siempre se halla en una situación conflictiva con el mundo, siempre enfrentado con un enemigo poderoso. Propenso a la paranoia, al fanatismo y al aislamiento emocional, el rebelde se presenta como un justiciero, el defensor de una causa perdida, injustamente tratado por la sociedad. Se identifica con la carta del tarot de la justicia y en la cultura popular cuenta con los siguientes ejemplos: Robin Hood, Bonnie & Clyde, The Punisher, el capitán Nemo o Anakin Skywalker en Star Wars.
  • El creador. Un arquetipo vinculado con la inventiva, la pasión artística, la curiosidad científica y la resolución de los problemas, es identificado con la carta del tarot de la luna, debido a su contacto con el inconsciente y el mundo de los sueños. El creador es un ser abstraído y distraído, centrado únicamente en sus labores de creación, que busca siempre dar con una respuesta propia para todo. Esto hace que a menudo pueda olvidarse de los aspectos prácticos y mundanos de la existencia, o bien quedar atrapado en sus propias invenciones. Son ejemplos de este arquetipo en la cultura popular: Dédalo en la mitología griega, el dr. Frankenstein, Tony Stark (Ironman) o Doc en Back to the Future.

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Referencias

¿Cómo citar?

"Arquetipo". Autor: Equipo editorial, Etecé. De: Argentina. Para: Concepto.de. Disponible en: https://concepto.de/arquetipo/. Última edición: 13 de julio de 2022. Consultado: 11 de agosto de 2022

Sobre el autor

Última edición: 13 julio, 2022

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