Ego

Te explicamos qué es el ego, cuáles son sus acepciones en diferentes ámbitos y cuál es su importancia con el manejo de la personalidad.

Ego
El ego es una tendencia a estar demasiado centrado en la propia personalidad.

¿Qué es el ego?

Ego es el pronombre en primera persona del latín, y significa ‘yo’. Utilizado como sustantivo en español, el ego es la capacidad de un sujeto de reconocerse a sí mismo como un individuo y ser consciente de su propia identidad.

En el habla coloquial, el término ego se emplea también para designar el exceso de autoestima o la tendencia de un individuo a estar demasiado centrado en sí mismo. Este significado vincula a ego con otras palabras derivadas de ella, como ególatra, egocéntrico o egoísta.

Fuera del ámbito cotidiano, ego (o yo) es un concepto usado con diversos sentidos en psicología, filosofía y religión.

Ver también: Egocentrismo

El ego en psicología

Según la escuela del psicoanálisis, inaugurada por Sigmund Freud, el ego es una de las tres entidades del aparato psíquico, junto al id (o ello) y el superego (o superyó). Se trata de un modelo que describe las actividades e interacciones mentales del individuo. Según este modelo,

  • El id es el componente instintivo de la psiquis, formado por los deseos primarios.
  • El superego es el componente ético, que ejerce un rol crítico y moral.
  • El ego media entre los deseos instintivos del id y las imposiciones del superego.

Para Freud, el ego abarca las funciones ejecutivas de la personalidad; es la parte en contacto con el mundo externo, que planifica, evalúa y recuerda. Mientras el id se guía por el principio del placer, el ego (a instancias del superego) se rige por el principio de realidad, con el objetivo, en último término, de conservar la unidad psíquica del individuo.

Con posterioridad a Freud, otras corrientes de la psicología profundizaron en la noción de ego y su rol en el desarrollo de la personalidad.

Por ejemplo, para la psicología analítica de Carl Jung, el ego representa la parte consciente de la mente, que tiene cuatro funciones: sensación, pensamiento, sentimiento e intuición. Cada una de estas funciones constituye una forma particular de interpretar la realidad. Las personas comienzan desarrollando una de ellas; luego, a lo largo de la vida, pueden desarrollar las otras.

El ego en filosofía

En la filosofía, el ego o yo ha sido objeto de diversas interpretaciones. De manera general, designa una realidad equivalente a la persona, la conciencia o la identidad personal (los rasgos de un individuo que permanecen a lo largo del tiempo). De modo más específico, el ego o yo ha sido entendido también como:

  • El individuo, en tanto sujeto, capaz de conocer el mundo exterior.
  • El sujeto que, mediante el conocimiento, organiza el mundo, lo modifica y da sentido a la realidad.
  • El resultado de la suma de todas las percepciones, sensaciones y pensamiento experimentados por un individuo.
  • Lo que un individuo cree que es, más que lo que es en sí mismo.

El ego en la religión

La noción de ego o yo está presente de diferentes maneras en las religiones.

  • Hinduismo. En el hinduismo, el ego corresponde al ahamkara, una de las cuatro facetas o funciones de la mente, junto con manas (la facultad que coordina las percepciones sensoriales), citta (la memoria) y buddhi (la inteligencia). A través de ellas, la mente llega a descubrir su verdadera naturaleza, que es la ser un reflejo del atman: el verdadero yo, la esencia más íntima de la persona, su alma.
    El ahamkara o ego es la idea ilusoria de la existencia de un yo personal. Se trata de una suerte de personaje (el yo que actúa en la vida diaria) que nuestro espíritu toma como algo real, sin serlo. A pesar de ello, el ahamkara es necesario en el camino del autoconocimiento y permite alcanzar, finalmente, la iluminación (moksha).
  • Budismo. De manera similar al hinduismo, el budismo considera que el ego es una percepción ilusoria. Sin embargo, a diferencia de él, no cree en la existencia del atman, de un verdadero yo. Esta doctrina se conoce como anatman (el no-yo).
    Para el budismo, la idea de que hay un yo permanente, que subsiste más allá de los cambios es falsa: el ego renace y muere todo el tiempo. La persona debe dejar atrás el ego, que solo causa sufrimiento. Solo así se llega a la liberación y la paz suprema (nirvana).
  • Cristianismo. En el cristianismo, la noción de ego o yo está asociada con el egoísmo y, de manera más general, con la idea de pecado. El ego es la tendencia a anteponer el propio interés al de los demás, pero, sobre todo, a hacer del propio yo el centro de la existencia. El ego sería, así, la soberbia humana, a la que se opone la humildad. Solo deponiendo el ego es posible creer en Cristo y participar de la vida divina.

El ego en la autoayuda y la nueva espiritualidad

Diversas prácticas y teorías modernas que pueden englobarse bajo el rótulo de autoayuda o nueva espiritualidad abordan el concepto de ego. Entre estas corrientes se encuentran el mindfulness, el coaching, la psicología transpersonal y la programación neurolingüística (PNL).

La noción de ego que manejan algunas de estas disciplinas está basada en gran parte en las doctrinas hinduista y budista, para las que el ego es una mera ilusión de la mente, una falsa personalidad.

Por ejemplo, Eckhart Tolle, considerado a menudo referente del mindfulness, afirma que “el ego es el falso ser o estado actual de conciencia de la humanidad que no permite que la presencia (inteligencia universal) brille. Es una pantalla hecha de condicionamiento mental (pensamientos y emociones) a través de los cuales ves y actúas en el mundo”.

Por su parte, Ken Wilber, desde la psicología transpersonal, sostiene que “el ego no es más que un puñado de objetos mentales, un conjunto de ideas, de símbolos, de imágenes y de conceptos mentales con los que nos hemos identificado. Nos identificamos con esos objetos y luego los usamos como algo a través de lo cual miramos, y, por consiguiente, distorsionamos el mundo”.

A fines prácticos, algunas de las corrientes de autoayuda y de nueva espiritualidad analizan los efectos del ego en la vida cotidiana y las relaciones interpersonales. Desde esta perspectiva, se considera que la existencia del ego, entendido como autoestima, es inevitable y hasta necesaria, pero se debe aprender a administrarla. En este sentido, pueden darse dos situaciones opuestas:

  • Un “exceso” de ego constituye un obstáculo a vencer respecto a las relaciones con los demás. Una persona demasiado pendiente de la satisfacción de sus intereses tendrá dificultades para pactar con los deseos y necesidades ajenas, convirtiéndose así en alguien centrado en sí mismo e incapaz de generosidad.
  • Un “déficit” de ego suele interpretarse como una deficiencia de carácter que limita al sujeto y le impide dar la lucha necesaria para cumplir sus metas o satisfacer sus deseos personales.

Sigue con: Humildad

Referencias

¿Cómo citar?

"Ego". Autor: Equipo editorial, Etecé. De: Argentina. Para: Concepto.de. Disponible en: https://concepto.de/ego-2/. Última edición: 21 de abril de 2022. Consultado: 17 mayo, 2024

Sobre el autor

Última edición: 21 abril, 2022

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