Te explicamos qué es la demagogia, cuál es el origen del término y cuáles son sus características. Además, algunos ejemplos y sus diferencias con el populismo.

¿Qué es la demagogia?
En política, la demagogia es la práctica de ganarse el favor de las masas mediante halagos, concesiones, manipulaciones y promesas, con el fin de acceder al poder político o perpetuarse en él. No promueve la participación racional de la ciudadanía en la política, sino que recurre a las emociones básicas, como deseos o temores, para conseguir su apoyo. A quienes practican la demagogia se los llama demagogos.
La demagogia suele consistir en estimular el miedo o el odio hacia un determinado grupo social, presentado como un enemigo común o como responsable de ciertos males sociales. Además, implica halagar y adular a la ciudadanía o a una parte considerable de ella, con discursos en los que se dice lo que gran parte de la población quiere oír, en lugar de invitarla a pensar racionalmente y de demandar su consentimiento para tomar decisiones complejas.
Se trata de una práctica común en las democracias, especialmente desde el siglo XX, cuando surgió la política de masas. Suele ser considerada una degeneración del espíritu democrático.
Puntos clave
- La demagogia es una práctica política que consiste en conseguir el favor de las masas mediante adulaciones, promesas y concesiones.
- Se basa en estimular las emociones básicas de la población mediante discursos simplistas que eluden todo razonamiento crítico.
- Un demagogo aspira a conquistar o conservar el poder mediante promesas irrealizables, halagos a la población o incitación al odio contra la oposición.
- Es una práctica habitual en las democracias, donde favorece los intereses del demagogo a pesar de basarse en discursos populares.
- En la obra de Aristóteles, se la considera una degeneración de la democracia, que puede conducir a gobiernos autoritarios.
Ver también: Proselitismo
Origen del término “demagogia”
El origen de la palabra “demagogia” se remonta a la antigua Grecia. Está formada por las voces griegas demos (“pueblo”) y ágo (“conduzco” o “guío”). Originalmente, se usaba para designar a la persona que era hábil para guiar al pueblo y ganarse su favor, especialmente gracias a su oratoria o carisma. Sin embargo, adquirió un sentido negativo a partir de la obra de Aristóteles (384-322 a. C.), quien la caracterizó como una forma corrupta de la democracia y definió a los demagogos como “aduladores del pueblo”.
Según el filósofo griego, la demagogia produce gobiernos despóticos en los que el demagogo consolida su poder mediante la eliminación de la oposición, que es presentada como enemiga del pueblo en discursos que promueven un sentimiento de temor u odio entre las masas. De este modo, puede conducir al surgimiento de gobiernos oligárquicos o tiranías.
Características de la demagogia
Según las ciencias políticas, algunas características de la demagogia son:
- Es una estrategia para conquistar o conservar el poder por parte de líderes con carisma o buena oratoria.
- Permite obtener el favor popular mediante adulaciones al pueblo, discursos simplistas y promesas o concesiones.
- Apela a las emociones básicas de la población más que a la razón, al pensamiento reflexivo y al reconocimiento de la complejidad de los problemas sociales.
- Favorece la concentración de poder por parte de líderes que dicen representar al pueblo, en detrimento de la participación ciudadana.
- No conduce a la población a la lucha por sus intereses, sino que la manipula para el beneficio personal o político del demagogo o de su grupo político o social.
Ejemplos de demagogia
Las siguientes situaciones son ejemplos de demagogia:
- Promesas de campaña. Un político en campaña promete medidas populares pero de difícil aplicación, como una baja generalizada de impuestos o una amplia distribución de la riqueza, que le otorgan el apoyo de amplios sectores de la población y un buen desempeño electoral. A pesar de la complejidad del asunto, usa un discurso simplista que no ofrece precisiones sobre cómo llevará adelante tales medidas ni cómo sorteará las dificultades que estas conllevan, pues el único objetivo es acceder al poder.
- Falsos dilemas. Un gobernante introduce falsos dilemas en sus discursos, para forzar a la ciudadanía a asumir posturas maniqueas, basadas en la idea de que el gobierno representa el “bien” y la voluntad del pueblo, mientras que la oposición encarna el “mal” o los intereses de sectores privilegiados. Se usan palabras como “pueblo” o “patria” para convencer a la población de que el gobierno representa sus intereses, y se difunde la consigna “Estás conmigo o estás contra mí”, que convierte en “enemigo” a todo aquel que se opone o que desarrolla un argumento crítico.
- Chivos expiatorios. Un gobernante responsabiliza de todos los problemas de su gestión, o de ciertas dificultades preexistentes, a sus opositores políticos o a un grupo social, étnico o religioso determinado. De este modo, dirige el descontento hacia tales grupos, que funcionan como chivos expiatorios, mientras conserva o incrementa su propio poder. Esta práctica puede ser puramente discursiva o manifestarse en acciones de intimidación y violencia, tanto por parte del gobierno como de sus seguidores (estimulados por los discursos del sector gobernante).
Demagogia y populismo
A veces, el término “demagogia” se usa como sinónimo de “populismo”. Se trata de un concepto surgido en el siglo XIX que hace referencia a ciertos gobiernos autoritarios que, para ganarse el apoyo de amplios sectores de la sociedad, dicen representar la voluntad del pueblo en contra de los intereses de las clases privilegiadas.
Aunque la demagogia suele ser una práctica común de los movimientos y gobiernos populistas, ambos fenómenos no son lo mismo. La demagogia es una estrategia política que sirve para manipular a la opinión pública mediante halagos, discursos simplistas y promesas a menudo irrealizables, con el objetivo de ganarse el favor popular mediante la apelación a las emociones de la población más que a su capacidad de reflexión.
Por su parte, el populismo es una fórmula política que se basa en la idea de que el pueblo es una entidad homogénea, que encarna los valores positivos de la sociedad y que está necesariamente enfrentada a una élite poderosa y privilegiada. En este sentido, el dirigente populista se presenta como representante del pueblo contra los intereses de la élite, y para afianzar esa imagen puede recurrir a discursos y prácticas demagógicos.
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Referencias
- Berti, E. (2012). El pensamiento político de Aristóteles. Gredos.
- Bobbio, N., Matteucci, N. y Pasquino, G. (Dirs.). (2015). Diccionario de política. Siglo XXI.
- Pazé, V. (2016). La demagogia, ayer y hoy. Andamios. Revista de Investigación Social, 13(30), 113-132. https://andamios.uacm.edu.mx
- Pomeroy, S., Burstein, S., Donlan, W. y Tolbert, J. (2001). La Antigua Grecia. Historia política, social y cultural. Crítica.
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