Concepto de igualdad

La palabra igualdad tiene su primer origen en lo que refiere a la proporción, la distribución en partes iguales de aquello que reunido compone un todo consistente y uniforme. De este modo es que parece ser una noción aplicable en muchos campos, con mayor o menor preeminencia y oportunidad pero siempre a partir de una misma idea: la conformidad y la equivalencia.

Se puede decir que la noción primera proviene del campo de las matemáticas, en las que la igualdad entre las expresiones o las cantidades implica relaciones de equivalencia. Las ecuaciones son igualdades entre expresiones, y puede afirmarse que son susceptibles de recibir distintos tipos de operaciones sin que se rompa con aquella relación. La premisa principal es X = Y (una cosa es igual a otra), por lo que todas las modificaciones que se le fueran a hacer globalmente a una funcionarán también para la otra (si esto no sucediera, no serían totalmente iguales). El signo = tiene su origen en el siglo XVI, hasta cuando se utilizaba simplemente las palabras ‘es igual a’. La matemática cuenta también con desigualdades, las llamadas inecuaciones, que en vez de plantear la equivalencia entre dos términos, plantea una relación de mayor o menor que las distingue. Esta relación contraria se expresa con el mismo símbolo, pero tachado: ≠.

Sin embargo, la igualdad alcanzó otros ámbitos de la ciencia y también de la vida de las personas, trascendiendo la mera expresión matemática. El derecho, la filosofía y la moral se han ocupado de ampliar el campo de acción de la igualdad, llevándolo a espacios en los que vale la pena detenerse: la igualdad de oportunidades, por ejemplo, aparece como la situación en la que todas las personas, desde su más temprana niñez, terminarán teniendo la mismas posibilidades de desarrollarse y alcanzar un bienestar. Bien sabido es que no sucede de ese modo en todos lados, sin embargo, es una premisa que aparece en los derechos universales del niño, y que le debiera ser asegurada a todos.

La Revolución Francesa de 1789, que sirvió como inspiración para las repúblicas que conocemos hoy, promulgaba ‘Libertéégalitéfraternité’ (libertad, igualdad, fraternidad), y la palabra igualdad se refería a otra idea: a la igualdad ante la ley. En la medida que los ciudadanos forman parte de la sociedad, cada uno tiene una cantidad de derechos y obligaciones: la igualdad exige que para todos sean las mismas, sin importar las circunstancias personales (sexo, raza, religión, ideología política) por las que estén afectados. Aunque en la época actual pueda parecer afianzada y constituida, la idea de igualdad ante la ley tardó mucho tiempo en ser aceptada, a partir de muchas minorías que protestaron y exigieron cambios. El holocausto, el fascismo y muchas dictaduras alrededor del mundo son ejemplos de casos en los que se vulneró (y aún hoy, en algunos casos, se vulnera) este tipo de igualdad de derecho.

Un paso más adelante de la igualdad ante la ley será la también conocida igualdad social, en el contexto donde las personas tienen similares derecho a ciertas condiciones de vida por el solo hecho de ser humanos, ciudadanos del mundo, esto pertenece a la Declaración de los Derechos Humanos y es uno de los derechos que menos se cumple. El pensador Karl Marx, que propuso la disolución del sistema capitalista, lo hizo en nombre de la igualdad, ya que consideró que el mundo está regido constantemente por luchas entre desiguales, que no pueden ser solucionadas si no es por medio del cambio absoluto del sistema productivo.

Como se ha visto, la idea de la igualdad tiene su punto de partida en las matemáticas, pero se aplica para muchas cuestiones relativas a la sociedad. Los Estados, en muchos casos, pueden optar por tomar medidas en pos de garantizar la igualdad de derecho, o de aumentar los niveles de igualdad social entre la gente.

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