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Concepto de Envidia


La envidia es un sentimiento experimentado por la persona que desea con muchas fuerzas algo que es de otro o que le pertenece a otro.

La envidia es comúnmente conocida como una situación moralmente incorrecta y desagradable. En religión es uno de los siete pecados capitales; también uno de los tópicos más comunes en mitos y en literatura, por la magnitud de las acciones impulsadas por este sentimiento, que crea rivales y conflictos.

Según la definición, la envidia es un deseo tal de hacer o tener un bien, una característica o algo en cualquier sentido que otra persona posee.

La envidia también es explicada como un sentimiento de enojo, de deseo y de tristeza que una persona siente al no tener una posición del otro. Lo deseado pueden ser acciones y no solo bienes. Un ejemplo: la envidia de una persona a otra que tiene mayor capacidad intelectual en cierta área de conocimiento.

El concepto de envidia proviene del latín “invidia“, que significa mirar hacia dentro y tiene que ver con la idea de una mala mirada personal.

¿Cómo surge la envidia?

La envidia ha sido materia de estudio de profesionales de la literatura, la filosofía y la psicología.

La envidia se origina desde las propias emociones de inseguridad, falta de objetivos personales, fracasos o desilusiones personales.

Envidia y depresión

La envidia se relaciona con la depresión: Si bien la envidia es un sentimiento muy común, aquellas personas que la padezcan de forma regular, pueden llegar a padecer una grave enfermedad psicológica, la depresión.

Con la depresión, el ánimo se torna irritable, cuesta conciliar el sueño o se da un sueño excesivo, hay falta de apetito, cansancio, falta de alegría, sentimiento de inutilidad, odio y frustración.

Combatiendo la envidia

El deseo de mejorar la actividad profesional o cambiar actitudes personales en algún aspecto de la vida, sirve para empezar a crear cambios.



La envidia puede también ser un empujón hacia un cambio total personal, llevando al establecimiento de objetivos personales claros, que se ven primero en otra persona y luego se adoptan como propios.

El resentimiento propio de la envidia suele desaparecer si uno está feliz con sus decisiones y seguro de ellas. Sin la envidia, una persona puede valorar y ponerse feliz por el bien ajeno, sin anhelarlo con tristeza y sin desearlo para sí misma. Es más fácil decirlo que hacerlo, pero un trabajo mental profundo de objetivos internos es un excelente comienzo.


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