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Concepto de Otredad


La otredad es no percibir al otro como igual, sino como alguien diferente, que no forma parte de nuestra comunidad. El otro es lo que no queremos ser y, a pesar de que no se relaciona con nada negativo, se puede emparentar con la xenofobia, la homofobia, el racismo o la misoginia.

El otro no es igual a nosotros, por eso la otredad es la capacidad de respetar, reconocer y poder vivir armoniosamente con esta diversidad. Esto da la dimensión de que cada persona es única e irrepetible en el universo.

Este concepto se puede ver en la sociología, antropología y en la filosofía, así como también en otras ciencias. El distinguir al otro como diferente a uno mismo, es decir como alguien externo a nuestro ámbito. Esto no quiere decir que el otro debe ser discriminado o dejado de lado, sino todo lo contrario, es un concepto que acepta la diversidad y conlleva una convivencia entre las partes.

Es el poder coexistir entre todos y fomentar el crecimiento de cada individuo. La otredad surge a través de construcciones psicológicas y sociales. Es el concepto de la existencia en el mundo de algo que no es lo propio, que no forma parte del mundo de cada uno.

Sin embargo, se puede ver, por momentos, una unión intima de este concepto con el de discriminaciones tales como, la xenofobia, la homofobia, el racismo y hasta la misoginia, sólo por nombrar algunos. Pero la otredad no apunta hacia estos aspectos, porque no suele estar relacionada con aspectos negativos, únicamente con las excepciones anteriormente citadas.

Otredad

(La otredad como aceptación de la diversidad.)

Antropológicamente, nos podemos acercar a la otredad que, como ya dijimos, es apreciar al otro como un ente ajeno a nosotros, a lo que nos rodea e identifica. Esta diferencia se manifiesta desde el punto de vista de cada individuo, lo que cada uno considera propio frente a lo del otro.

La existencia de gran variedad de culturas y costumbres diferentes a las nuestras nos permiten adquirir una visión más global de la existencia del otro en el mismo planeta que el nuestro y, asimismo, nos brinda la posibilidad de enriquecer nuestra perspectiva y tolerancia hacia lo diferente. Por esto mismo afirmamos que la otredad no se relaciona con enfoques negativos, sino todo lo contrario.

Socialmente, la otredad se ve formada a través de la alteridad y lo opuesto: El otro es aquello que no queremos llegar a ser, ni lo quisimos alguna vez. Por lo tanto, esta visión del otro es relativa en base a la perspectiva de cada persona.

A la hora de ver a los demás hombres (al OTRO), surge el problema de la otredad, ya que esta visión puede referirse a ver al otro como alguien superior o inferior. Un ejemplo muy fácil de seguir es el momento del arribo del hombre blanco a América. La otredad llevó a que los conquistadores identifiquen a los indígenas como el OTRO, que no eran parte de su mundo y, también, como un OTRO inferior. Los consideraban bárbaros, sin educación y cultura, más próximos a los animales salvajes que a ellos mismos.

La diferenciación de los hombres fue variando durante la historia. En un principio, Aristóteles planteaba que los hombres no nacían iguales: Algunos nacían para someterse a la esclavitud, mientras que otros nacían para mandar. Por otro lado, Thomas Hobbes planteaba que todos los hombres nacían iguales.

En el ámbito natural y sin psicologías ni sociologías que lo sometan, todos los hombres eran iguales. Sin embargo, eran notorias las diferencias en la fisionomía humana, ya que algunos hombres son más grandes y fuertes que otros. También hay diferencias intelectuales, por lo que nos encontramos con que algunas personas son más inteligentes que otras. Esta es una realidad diaria que no se puede discutir. Pero es necesario destacar que el uso de la razón, como planteaba Descartes, es el ámbito donde podemos observar la mayor igualdad entre los hombres.

Alteridad y otredad son palabras que representan, básicamente, lo mismo: el concepto de ver al otro como diferente a uno, al OTRO como lo que no soy yo. Se puede observar en relaciones humanas como la cultura, la raza, la orientación sexual. Sin embargo, esta diferenciación no se puede lograr jamás a un 100%, ya que todos somos parte de un mismo universo, todos somos seres humanos.


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