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Concepto de Procastinación


El término procastinación proviene del latín procrastinare y se refiere a la acción de retrasar o demorar algo. La Real Academia Española rechaza esta palabra y plantea que en cambio debería utilizarse procrastinación.

Se habla de procastinación o procrastinación cuando se posterga el cumplimiento de una obligación. Este hecho puede convertirse en un hábito y necesitar atención psicológica. Veamos un ejemplo: un niño procrastina sus tareas escolares cuando decide ponerse a jugar en vez de hacerlas. Lo que sucede aquí es que el deber se aplaza y reemplaza por algo que resultó ser mejor, más placentero. Napoleon Hill define a la procastinación como “el mal hábito de dejar para pasado mañana lo que debería haberse hecho el día de ayer”.

Este trastorno se debe a que la persona asocia la acción que obligatoriamente debe realizar con el estrés. El origen de este estrés puede surgir de la incomodidad psicológica, intelectual o física. Hay acciones que tienen consecuencias a largo plazo y otras que lo tendrán inmediatamente como, por ejemplo, pagar una deuda o bajar de peso. La persona que utiliza excusas para evitar hacer algo que tiene que hacer, también sufre de procrastinación.

Procastinación

(Procastinación, dejar para mañana lo que puedes hacer hoy.)

La persona que sufre de procrastinación puede refugiarse en actividades placenteras tales como la lectura y el deporte o, en cambio, optar por trastornos como comer excesivamente o sumergirse en otro tipo de vicios.

Aunque muchos así lo consideran, este desequilibrio no está ligado a la depresión o la baja autoestima, en cambio el perfeccionismo extremo y el miedo al fracaso sí son factores que pueden hacer que una persona caiga en esto.

Hay dos clases de personas que llevan a cabo la acción de la procastinación: los crónicos y los eventuales. Los primeros son quienes se ven más afectados porque su conducta tiende a volverse cotidiana, en cambio los procrastinadores eventuales no tienen al hábito aún.

Por otro lado, hay tres tipos de procrastinación, según el motivo de su origen:

  1. por evasión (se evita empezar una tarea),
  2. por activación (se posterga una tarea hasta que no queda más que hacerla),
  3. por indecisión (conocido también como el complejo de Penélope, el tiempo se pierde y la tarea se pospone por buscar la forma correcta o la más sencilla de hacerla).

Hay expertos que explican que ciertos hábitos pueden favorecer la aparición de la procastinación, como el uso excesivo de la televisión e internet. Se dice que éste es el mal de hoy porque la gente en la actualidad vive estresada, presionada por el trabajo, la familia, la sociedad y demás. El tratamiento habitual para estas conductas viene de la mano de  la terapia cognitivo-conductual sobre todo.

El “síndrome del estudiante” es un tipo de procrastinación en donde se afirma que ellos dejan para último momento los trabajos pendientes de la universidad y quienes se dedican a la materia afirman que sucede con todos, por ejemplo con quienes van a pagar los impuestos el último día antes de que venza. Como podemos ver, este síndrome también surge por la falta de organización óptima del tiempo, por lo que la solución (antes de llegar a una etapa muy complicada) sería solamente organizarse y obligarse a cumplir con los deberes, dándole prioridad a aquellos asuntos que tienen un plazo para realizarse.

El autor William Knaus en su libro habla de seis características personales que podrían llevar a una persona a la procastinación:

  • Por un lado, las creencias irracionales, aquellas que hacen que un individuo se vea como menos de lo que es o que piense al mundo como inalcanzable para él, con exigencias que no puede cumplir.
  • En segundo lugar tenemos el perfeccionismo y el miedo al fracaso.
  • Siguiendo, la ansiedad y el catatrofismo, este último es una consecuencia de una seguidilla de acciones que no tuvieron un buen resultado y que sólo lograron frustrarnos.
  • Llegando casi al final tenemos la rabia y la impaciencia, estas dos son una combinación explosiva y para nada recomendada, porque sin paciencia no se logra nada y si además nos enojamos porque no nos sale algo bien, terminaremos postergando nuestra tarea para evitar un mal momento.
  • Finalmente, tenemos la necesidad de sentirse querido y la sensación de saturación. La falta de afecto puede afectarnos en varios niveles, está comprobado que no se puede vivir sin cariño. Por otro lado, la sensación de estar saturado también es una consecuencia de la mala organización del tiempo, las obligaciones nos ahogan porque hemos ido dejando una pila enorme de “cosas por hacer”.

Un chiste acerca del tema dice: “Hoy no tengo ganas. Mañana escribiré un libro, estudiaré los tres exámenes y adelgazaré cinco kilos… y si no, pasado mañana”. Esto, por absurdo que parezca, es real. La gente que tiene este tipo de problemas tiene metas irreales porque no saben cómo manejar el tiempo.


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