Concepto de liberalismo

El concepto liberalismo apunta a una corriente ideológica de pensamiento que considera que las personas deben gozar de completa libertad civil, opuesta a cualquier tipo de despotismo o absolutismo, y se apoya en la primacía de las personas como individuos libres.

La palabra, dentro de esta definición, ha tenido una multiplicidad de usos según las coyunturas y los contextos políticos, lo que hace que deba ser necesario repasar brevemente la historia del liberalismo.

Como doctrina política, el liberalismo se deriva del racionalismo del siglo XVIII, por la singularidad de diferenciarse de la arbitrariedad del poder absoluto, característica de muchos de los gobiernos monárquicos de la época. El liberalismo aparece en un contexto que asigna gran importancia al debate y la discusión, en un clima de tolerancia y libertad. En paralelo, la cuestión del progreso derivada del uso de la razón surge en rechazo de los dogmas y el absolutismo religioso. El liberalismo, entonces, se oponía a las ideas de jerarquía y autoridad, presentando las de libertad e igualdad a partir de las doctrinas de Montesquieu, Voltaire y Rousseau. El medio con el que se podía llegar a esto, se sabía, no podía ser otro que el de la revolución, y no tardó en llegar con el llamado ‘ciclo de las revoluciones liberales’ durante las primeras décadas del siglo XIX. Estos son los puntos más salientes en lo que respecta a la faceta política del liberalismo. Con estas líneas se funda el respeto a la democracia liberal y a la división del poder del Estado en muchos países.

La otra faceta importante es la que se da desde el costado económico y con la que durante siglos se ha logrado legitimar al sistema capitalista de producción. El pensador Adam Smith, a partir de la observación de una fábrica de alfileres, creyó encontrar las condiciones en las que se desarrollaba la conducta humana en las decisiones económicas. Así es como formuló la teoría de la importancia del libre juego entre la oferta y la demanda de cualquier bien y servicio, a partir de la base de que las personas dejadas en total libertad para actuar terminarán yendo por el camino del bien común. El primer fundamento del liberalismo económico es la no intromisión del Estado ni de ningún mecanismo coercitivo a la libertad absoluta de los agentes económicos. A partir de esto es como se fueron formulando una serie de funciones y agregados que determinan la conducta de los agentes: las leyes de oferta y demanda, los puntos de equilibrio y la competencia perfecta.

Es indudable que el liberalismo funcionó siempre a partir de una serie de principios filosóficos que lo justifican, basados en primera instancia en la completa libertad de las personas. A esta libertad se la consideraba como inviolable, y se creía que debía ser lo más grande que pudiera (incluyendo la tan importante libertad de culto, con un Estado laico), con el único límite de no atacar la libertad ajena. A partir de esto es que otra premisa es la igualdad, pero una igualdad en la relación de las personas frente al Estado y a la Justicia. No se referían a la igualdad en el sentido de la distribución equitativa de la riqueza, que solo sería responsabilidad del mercado: en el eventual caso de que se quiera repartir las ganancias, sería únicamente debido a la caridad privada de los que obtienen la ganancia. Sin embargo, aquella caridad privada se contrapone con uno de los principios fundamentales de esta doctrina, que es el individualismo, entendido como las personas en ejercicio de su libertad, por fuera de una pertenencia a un colectivo.

Sin embargo, la palabra liberalismo ha variado un poco su sentido en el uso, llegando a representar una posición de un país como Estados Unidos, y una muy distinta en otros, como los de Latinoamérica. Esto puede suceder porque luego del proceso de globalización, el modelo que pregonaba la ausencia total del Estado comenzó a mutar pidiendo su intervención a favor de las empresas transnacionales, y las políticas económicas liberales comenzaron a tener rumbos claros: privatizaciones, políticas monetarias y fiscales restrictivas, flexibilización laboral. A esto se le suele llamar hoy neoliberalismo.


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