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Concepto de Heterosexual


Heterosexual es aquello que relacionamos con la heterosexualidad, en simples palabras, las personas heterosexuales presentan atracción sexual por personas de un sexo distinto al propio. El concepto fue utilizado por primera vez en el año 1892, en una revista americana sobre la perversión sexual. Es el término opuesto a homosexualidad.

Para comenzar a explicar el concepto, es necesario tener en claro que, desde el comienzo de las investigaciones científicas con respecto a los comportamientos sexuales de los seres vivos, no se utilizaba el concepto de heterosexualidad para definir lo que hoy conocemos como heterosexualidad: apetito sexual de las personas por personas del sexo opuesto. Es decir, una mujer heterosexual se siente atraída por los hombres y el hombre heterosexual se siente atraído por las mujeres.

Desde 1886, teniendo en cuenta la época, se conoce que hay tres divisiones en las que dividir, valga la redundancia, a los seres humanos: los heterosexuales, los homosexuales y los normales. Tanto la homosexualidad como la heterosexualidad eran consideradas enfermedades y los normales o sanos eran aquellos que no practicaban el sexo de una manera desenfrenada, sino que mantenían esta práctica dentro de un matrimonio y tenían hijos.

Heterosexual

(Símbolo de la heterosexualidad.)

El primer contacto con el término homosexualidad fue usado por algunos médicos que se referían a los posibles tratamientos para que los “heterosexuales y homosexuales se conviertan en seres humanos con inclinaciones naturales eróticas y con pulsiones normales”. Pero no fue hasta 1892 que el médico norteamericano Kiernan acuñó el término heterosexual para definir a los comportamientos sexuales de las personas que se sentían atraídas sexualmente -de forma anormal- hacia las personas del sexo opuesto.

La sexualidad y la llegada de Freud

Sigmund Freud, reconocido médico austríaco del siglo XX, popular por sus investigaciones neurológicas y psicológicas; postuló en el año 1905, poniendo en duda todas las investigaciones previas, que existe la posibilidad de que la atracción sexual hacia personas del sexo opuesto no sea totalmente natural. Más bien decía que hay un período dentro de la temprana infancia en la cual se crea la conducta sexual del ser humano y que es, básicamente, un proceso de aprendizaje. Según Freud, nos enseñan a ser heterosexuales u homosexuales.

Hacia 1911, el novelista francés y gran defensor de los derechos homosexuales, André Gide, sumó a todos los debates existentes la inclusión del término heterosexismo, que no habla de otra cosa que de la imposición social de la atracción hacia el sexo opuesto. Según Gide, las costumbres sociales y las artes son las que influyen en la conducta heterosexual, modificando así los patrones de conducta sexual en determinadas sociedades.

La cura de las conductas sexuales

Como dijimos anteriormente, tanto la homosexualidad como la heterosexualidad eran consideradas enfermedades, desviaciones sexuales que consistían en la lujuria hacia el mismo sexo o hacia el sexo opuesto, respectivamente. Pero, después del debate entre todas las posturas antes expuestas, se empezó a dejar de lado la concepción de las conductas sexuales como enfermedad y se reemplazó por el concepto de sexualidad “normal”.



En la actualidad, las mentes de las sociedades del mundo se han acostumbrado lo suficiente como para dejar de utilizar el término “normal” al referirse a la heterosexualidad. Sin embargo, hay un régimen social llamado heteronorma, que se conserva en algunas sociedades aún, fundamentando que, al respetar las prácticas heterosexuales, la sociedad funciona. Asimismo, la heterosexualidad es el único modelo válido de relaciones sexoafectivas y de parentesco.

Heterosexualidad y homosexualidad

En el caso de los seres humanos, la heterosexualidad es necesaria para que la reproducción sea llevada a a cabo, a excepciones de los hermafroditas, claro. Es así que la especie humana necesita de la heterosexualidad para la subsistencia de la especie. Este fundamento es utilizado desde siempre por aquellos que indican a la homosexualidad como conducta antinatural. Si tenemos en cuenta la lógica, de ser real que toda la especie humana tuviera conductas homosexuales, la perpetuación del mundo y sus generaciones no sería posible.

En la actualidad, muchas asociaciones activistas en las sociedades del mundo luchan para que las diferencias existentes desde tiempos remotos entre los heterosexuales, homosexuales y las demás conductas sexuales diversas -en el aspecto social, cultural, jurídico, religioso, entre otros- sean mínimas o desaparezcan, en el mejor de los casos.

Estas asociaciones, repartidas por el mundo y enmarcadas dentro de estos contextos, han logrado que en los últimos años la homosexualidad, así como las otras conductas sexuales diversas; sea más aceptada como conducta amatoria y las mentes de los padres, tanto varón como mujer, se abran al punto de aceptar la realidad de que sus hijos no necesariamente tienen que ser heterosexuales.

Nos falta mucho como sociedad, para lograr identificar al ser humano como una persona completa, con los mismos derechos, las mismas obligaciones y las mismas garantías; antes que fijarnos en su condición sexual para otorgarlos. Las políticas de los Estados deberían abarcar a toda la sociedad, sin la necesidad de dividirlos según las conductas sexuales. Pero, aún así, en los tiempos que corren hay muchos avances al respecto. Es cuestión de que la idea de inclusión vaya encarnándose en nuestras sociedades del mundo para que la discriminación cese.


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