Concepto de convivencia

Con el concepto convivencia se conoce a la coexistencia física y pacífica entre individuos o grupos que deben compartir un espacio. Se trata entonces de la vida en común y de la armonía que se busca en la relación de personas que por alguna razón deben pasar mucho tiempo juntas.

La etimología del término remite al latín, el prefijo ‘con’ y la palabra ‘vivencia’, que significa el acto de existir. Del mismo modo que confundir o comparar son palabras que presumen, al menos, la existencia de más de una entidad que ocupa el lugar de otra o tiene alguna clase de vínculo, para que exista convivencia se necesita una pluralidad de personas. Por la vivencia se entiende al conjunto de acciones, sentimientos, preocupaciones, valores e ideas que constituyen la esencia de un ser humano. Cuando se combinan las dos palabras, se llega a la relación de las personas con los grupos sociales que integran, en un marco en el que necesariamente aparecerán contradicciones o tensiones. La contradicción primera seguramente llegue cuando se formule la siguiente pregunta: el ser humano; ¿es egoísta o solidario por naturaleza? El filósofo Thomas Hobbes, cuando postuló como debían comportarse las personas y los Estados, partió de la base de que las personas son por naturaleza egoístas. Otros pensadores, como Robert Sussman, afirman que la especie humana es inherentemente solidaria y cooperativa, y podrá ser egoísta de acuerdo al camino personal y cultural que vaya tomando. Más allá de las posturas filosóficas, casi todos los modos en los que se han organizado las personas a lo largo del tiempo incluyen, con distintos matices, las dos nociones, dado que las personas vivimos combinando la ambición y el interés individual con necesidades y búsquedas de logros colectivos. Este fino equilibrio surge como producto de muchas pautas, que son transmitidas a lo largo de las generaciones. La convivencia entre las personas debe adaptarse a esas pautas.

La medicina, la psicología y la sociología consideran que una buena convivencia es un factor fundamental para una buena salud emocional, pero también para la integridad física de las personas. La intolerancia puede generar depresión, y la depresión extrema puede desembocar en el suicidio; estas son algunas de las manifestaciones negativas de los problemas de convivencia, que lamentablemente son tan frecuentes hoy en las relaciones familiares (de padres-hijos, de parejas, etc.). Muchas veces se van acumulando frustraciones internas, que no se podrán canalizar si no existe el apoyo o la confianza de los demás. En particular, la psicología se encarga de determinar los trastornos de la convivencia que pueden tener los individuos y ayuda a solucionarlos, tratando de interpretar si hay alguna causa interna que lleve a esa situación.

Existen muchos ámbitos en los que las personas deben convivir (trabajos, escuelas, espacios públicos, barrios, edificios, grupos de amigos, familias), por lo que es importante que se establezcan adecuadas normas y códigos de comportamiento, que hacen a la buena convivencia. Veamos algunas de las pautas de convivencia que suelen aplicarse:

  • Aquellas que se desprenden del sentido de la responsabilidad, entre las que se encuentran el cumplir horarios y los compromisos que son asignados, el llevar a cabo las funciones y las pautas de comportamiento que se deben respetar.
  • Las que tienen que ver con el respeto, como aceptar los puntos de vista ajenos, no discriminar e intentar comprender y tenerle paciencia a los demás.
  • Las vinculadas con la honestidad, como asumir la responsabilidad por los propios errores..
  • Las solidarias, como colaborar con el cuidado del lugar, integrar a las personas nuevas que lleguen, ayudar sin esperar una recompensa y abogar por lograr acuerdos en las decisiones que deban tomarse entre todos.

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