Concepto de costo

Con el concepto de costo, la economía y la contabilidad hacen referencia al valor monetario de inversión que significó la totalidad del proceso de obtención o puesta en funcionamiento de determinado producto o servicio. El término se utiliza para cuantificar de alguna manera el esfuerzo monetario que le ha significado a quien produce dicho bien o presta dicho servicio, ponerlo a disposición de los usuarios, sobre la base de que los recursos que emplea son escasos (ya que si existiera la posibilidad de producir la cantidad que se desee de determinado bien económico sin ningún gasto, perdería su condición de económico y sería libre o gratuito).

La combinación del costo global de fabricación del producto más el beneficio que busca el capitalista que lo pone a disposición del público determinan el precio que deberá pagar quien quisiera adquirirlo. De allí se desprende la segunda acepción económica de la palabra: en el uso coloquial, se usa para designar el precio que alguien tiene que pagar por un producto ya terminado o un servicio. Las dos acepciones son válidas, pero es preciso reconocer su diferencia, pues allí reside el concepto de ganancia.

En la composición de un costo intervienen numerosos factores: la materia prima que se requiere (con toda la línea de comercialización que precede a su compra), la mano de obra, es decir, lo que se le paga a los que llevan a cabo el proceso productivo, la mano de obra indirecta, que garantiza el funcionamiento básico de la empresa, las obligaciones fiscales y el costo de amortización (pérdida de valor de máquinas o edificios) son algunos ejemplos que hacen a esa sumatoria. En particular, la ciencia económica toma en consideración una variante que la contabilidad no toma: el costo de oportunidad. Con esto se hace referencia al resultado que hubiera podido tener la misma suma de dinero que se ha invertido (en todos los otros costos) si se la hubiera gestionado de otro modo. Así, se busca trazar comparaciones para optimizar la eficiencia del dinero en futuros emprendimientos.

Los costos de una empresa también pueden dividirse entre los fijos y los variables: los primeros son independientes de la cantidad producida, los segundos aumentan a medida que se produce más. Así por ejemplo, comprar una impresora industrial (costo fijo) para una producción editorial muy pequeña sería demasiado gasto para lo que se va a obtener luego con la venta, pero al mismo tiempo exagerar la línea productiva solo para hacer rendir más la máquina posiblemente implicaría un gasto excesivo de tinta (costo variable). La economía otorgó numerosas acepciones complementarias a la palabra “costo” combinándola con distintos adjetivos. Por ejemplo, entendiendo que producir diferentes cantidades de unidades no lleva una proporcionalidad directa, a la última unidad producida se le asigna el denominado costo marginal; o para designar al costo perdido que resultará imposible de recuperar de emplea la expresión costo hundido.

La socioeconomía trajo la idea de los costos sociales: son los que no aparecen en el cálculo económico del inversor de cierto bien, porque no le reporta un gasto real. O sea, son externalidades que implican el consumo de determinados factores (en general ambientales o naturales), que no son ilimitados. Muchos afirman que para disminuir los costos sociales deben establecerse legislaciones medioambientales, que protejan ciertos espacios u obliguen a las empresas a pagar por su utilización.

Por último, recibe el nombre de “costo” una planta tropical, que tiene las hojas organizadas en espiral alrededor del tallo y flores amarillas. Esta planta resulta de importancia para varias especies de herbívoros. En algunos países, se utiliza en el lenguaje coloquial la palabra “costo” para referirse a la resina del cannabis (hachís).

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